Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Las palabras, las avispas y las dunas. (¿Diario? De Un Superhéroe Imposible)

Acerca de

Algunas palabras que el viento no se pueda llevar.

Búsqueda

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

Viernes, 13 de mayo de 2005

My own personal Jesus (es)



PROLOGO

Lunes, 6 de Noviembre.Gotham City. 2:30 A.M

-“Hace ya dos días que esto ha dejado de ser lluvia para convertirse en una especie de tortura del cielo”- Pensaba el hombre que agazapado entre las sombras vigilaba una calle desierta. Lo cierto es que era el mes que mas habìa llovido en Gotham en los últimos 15 años, y en una situación así, incluso una persona como él puede llegar a perder la paciencia.
22 días de lluvia ininterrumpida. “Meteorológicamente imposible” decían los titulares de esa mañana.
-“Me pregunto que quieren decir con lo de “imposible””-Pensò el murciélago.
Llevaba tres horas agazapado detrás de una chimenea vigilando una puerta de la que deberían salir tres tipos cargados con material explosivo en cualquier momento. Eso suponiendo que el soplo fuera fiable, cosa que comenzaba a dudar. Quizá debió dejar colgado al soplon un par de metros mas alto. No querìa cruzar la puerta que vigilaba. No sabía lo que había detrás. Si todo iba a estallar al menos que lo reventase otro.
Si esa mercancía llegara a ciertas manos, la mitad de Gotham podria volar por los aires en un estornudo. Y lo que es peor, Batman no tenía ni idea de quien estaba detrás de todo esto.
-“Si al menos llevasen flores fucsia en los ojales y la cara pintada de blanco, me darìan una pista”-siguió pensando sin apartar la vista de la calle. Arkham parecía que regalase copias de las llaves de las celdas con cada camisa de fuerza. En ese momento, el ùnico residente habitual no sospechoso era Killer Croc. Parece ser que habìa sido incapaz de ver el agujero de seguridad del tamaño de Central City que habìa en el manicomio.
Quizá estuviese a gusto allí dentro. Nunca se sabe.

2:40 A.M

Bingo.
La puerta se abrió.
Tres tipos tan cargados de material que apenas podían caminar.
Hora de moverse entre la cortina de agua que estaba cayendo.....





00:17 A.M

Nueva york. Una sala de investigación química de la Universidad Empire State.
Un concentrado estudiante observaba absorto unos matraces en los que solo èl sabía qué se estaba fraguando. Fascinado por la idea de la reacción química que esperaba encontrar, no se percataba de que hacía horas que deberìa estar en casa.
El impertinente pitido de su teléfono móvil le sacó de su ensimismamiento.
-¡Dios, es la tía May!-Exclamó.
-¿Si tía May?
Al otro lado del teléfono, una voz palpablemente irritada le contestó:
-Joven Parker,¿Tienes idea de que hora es?
-N....no tia May.
Peter Parker echó un fugaz vistazo al reloj de pulsera que había dejado encima de la mesa y se llevó la mano que le quedaba libre a la cabeza.
-¡Dios mío tía! No tenìa ni idea de que fuera tan tarde. Estoy en el labo con una reacción experimental y...
-¡Jovencito! ¡Tienes el tiempo justo de impedir que eso que estàs haciendo acabe por explotar, salir de ese cuarto y coger un taxi de vuelta a casa!
Fin de la comunicación. La tía de Peter siempre se enfadaba cuando este tardaba en volver a casa. Sabía que no anda metido en lìos ni en asuntos sucios, pero le preocupaba que tantas horas de dedicación a los estudios acabasen por volverle un bicho raro. “Bicho”.Que ironía.
-Es curioso-se dijo a si mismo Peter, mientras apagaba el fuego sobre el que ebullìa una pipeta-la mayor parte de los padres se preocupan porque sus hijos no saben de que color son los libros de texto y mi tía se preocupa por todo lo contrario. Bueno, en el tiempo que tardaría el pobre Parker en tomar un taxi, Spiderman puede permitirse el lujo de echar una ultima ojeada a las notas del día.
20 minutos mas tarde, una figura salió de una de las salas de la universidad balanceándose hasta el edificio contiguo, agarrado a una tela de araña de tamaño humano
-Maldita lluvia....-Dijo Parker en un susurro.





Metrópolis, 8:45 AM

-¡Clark!¿Piensas quedarte a vivir en el cuarto de baño?-Grita una Lois Lane que no aparta la vista del reloj de pared y que se encuentra a medio vestir.
Al instante, su marido salió del cuarto de baño cubierto con una toalla.
-Cariño, no es fácil afeitarse cuando uno es prácticamente invulnerable.Lo cual incluye la barba- Dijo con una sonrisa, y posteriormente la besó.
-Son casi las nueve, Clark, y yo aún tengo que maquillarme- dijo Lois mientras corría hacia el cuarto de baño. La aparición de su marido ante ella estrechándola entre sus brazos la detuvo. Ya estàba perfectamente vestido y listo para salir.
-Clark Kent, hay gente que no se puede vestir a la velocidad de la luz,¿sabes?
-Cariño, no necesitas maquillaje. Coge un abrigo y vámonos.
Lois torció el gesto por un instante y se miró de reojo en el espejo. Se vio guapa y, realmente, no necesitaba ningùn tipo de maquillaje, pero no pensaba darle la razón al hombre que la estrechaba entre sus brazos con calculada fuerza.
-Además-dijo Clark-està lloviendo a cántaros y serìa una pena que el maquillaje se te estropeara en el “Krypton Express”. El abrigo debería llevar capucha.
-No pensaràs ir volando, ¿verdad Smallville?
-Si lo prefieres podemos tomar el autobús, llegar casi dos horas tarde y soportar la perorata de Perry- Responde Clark con gesto de niño bueno.
-¡Clark!
-Lois........
-Te amo....¡Pero a veces resultas insoportablemente adorable!
-¿Con capa o sin capa? Pregunta Clark mientras abre la ventana de la habitación.
-Sin capa. Lo siento, pero ya han pasado los dìas en los que me quedaba embobada mirando al tipo de azul y rojo que me rescataba cada 15 minutos.
-Como quiera, Milady...-Dijo Clark mientras cogía a su mujer en brazos y se dirigía hacia la ventana.
-Smallville
-Lois....
-¡Nada de saltos! Recto y suave, ¿entendido?
-Lois, te amo...¡Pero a veces resultas insoportablemente......
......
Y sin acabar la frase, Clark se arrojó al vacìo con Lois en brazos para volver a subir en cuestion de un nanosegundo.

Puede que en ese instante algún vecino atento y con buen oìdo hubiera podido escuchar a una mujer gritando: “¡Smallville, te odio!






Nuevo México. Algún día.Alguna hora. Algún bar de carretera.

Un camarero con un aspecto tan sucio y deprimente como el mismo local en el que trabajaba, pasaba un mugriento trapo una y otra vez sobre la misma zona de la barra mientras miraba atónito a un tipo pequeño con pinta de cow-boy de ciudad . Cuando el chico que barrìa el suelo se le acerca le dice:
-Louie, ese tipo ha bebido casi seis litros de cerveza y sigue ahí sentado tan tranquilo..
-¿Seis litros?¿En cuanto tiempo?
-Una hora. Algo menos. Y no creas que se ha levantado a mear tan siquiera. Sigue ahì, con la mirada perdida, pero no tiene pinta de estar trompa.
-Otra jarra Frankie....- Interrumpiò el peculiar cliente con voz firme, ratificando la impresión del camarero.
-Señor, sè que no es de mi incumbencia, pero ¿no cree que ha bebido demasiado? Quiero decir, no me importa lo que haga con su vida pero no parece usted borracho y, bueno....no es normal.
El tipo con pinta de Cowboy se levantó el sombrero y se sonrìó.
-¿Tienes curiosidad?¿Quieres ver algo sorprendente? Saca el trasto de soplar que tienes por ahì escondido-Dijo, tras lo cual dio cuenta de la mitad de la jarra que le acaban de servir.
-No se a que se refiere, señor
-Ese aparato que usa la policía para saber si uno ha bebido o no. No me fastidies Frankie. En todos los bares tienen uno por si acaso un amigo se pasa. No soy del FBI. No le dirè a nadie que lo has robado.
-De acuerdo señor.- Dijo el barman mientras rebusca detrás de unas botellas y murmura:-Y me llamo James, no Frankie
-Vale Frankie, dame ese trasto.
El cowboy se bebió hasta la última gota de la cerveza que le quedaba en la jarra y sopló el alcoholìmetro con todas sus fuerzas mostrándole el resultado al barman.
-¿Cero?¡Este trasto està estropeado!
-O a lo mejor tengo un factor curativo mutante que me impide emborracharme....dijo irónicamente el cowboy, mientras se levantaba y sacaba unos billetes de su bolsillo.
James que ya había comprobado gracias a su propio y alcoholizado organismo que el aparato funcionaba a la perfección, exclamó:
-Invita la casa, señor ¡A condición de que me deje hacerme una foto con usted! ¡Es impresionante!
El cowboy se giró y se colocó al lado del ahora sonriente barman, que ya estaba dispuesto para la foto que Louie ya estaba preparado para sacar.
-Oiga, lo de mutante.....-murmuró James.
-Era una broma. Relájate Frankie. Tengo un metabolismo lento. Seguro que en media hora estaré dando tumbos.
-¿Cual es su nombre? Pienso poner esta foto en un marco con su , digamos....record....
-Todos me llaman Logan. Aunque a veces no se quien puñetas soy en realidad.
Calándose el sombrero, el cowboy se alejó en dirección a la puerta.
Subiéndose a la moto que habìa dejado aparcada, se perdió en las carretras del desierto con un solo pensamiento en su cabeza: Jean.



1

Hacia las 8 de la mañana, la luz de un sol que se negaba a dejarse ver claramente comenzò a iluminar los tejados de Gotham.
Una figura enmascarada, agazapada tras una chimenea, observaba el triste amanecer que de nuevo visitaba la ciudad. Seguía lloviendo.
Le dolía un costado y un fino hilo de sangre manaba de una fisura producida en el traje que le hacìa las veces de disfraz y de armadura, justo donde sentìa el dolor.
“Una bala perdida”-Pensó.
Batman se incorporò y echò un vistazo a las calles que ya comenzaban a estar concurridas.
Su “turno” habìa terminado. Hora de volver a casa.
Dolorido, bajó del tejado lentamente, sin acrobacias innecesarias.
Al final del callejón en el que ahora se encontraba, un Rolls Royce con las luces encendidas parecía avanzar hacia èl lentamente.
La figura del conductor le era familiar. En toda la extensión del tèrmino “familia”.
Esbozó una sonrisa totalmente inapreciable cuando la ventanilla se bajó y dejó ver el rostro de Alfred.
-Supuse que no le apetecería mucho conducir-Dijo el mayordomo hablando como un padre le hablarìa a su hijo, a pesar el trato de “usted”que le concedía a la figura enmascarada.
Batman se quitò la màscara y se introdujo en la parte trasera del coche como una exhalación.
-Gracias, Alfred-Le dijo- La verdad es que no me apetece nada conducir.
Esta vez la sonrisa era amplia, solo enturbiada por un leve gesto de dolor que los años le habìan enseñado a disimular, pero que a los ojos de Alfred no pasaba desapercibido.
-¿Està herido amo Bruce?-Preguntó mientras ponìa el coche en marcha.
-Nada que no puedas solucionar. Por cierto, creo haberte dicho que el sistema de localización solo era para casos de emergencia.-Dijo en un tono fingidamente áspero.
-Señor, no hay manera de saber cuando puede estar usted en un apuro. De hecho, aùn no sè lo que usted considera estar en un apuro. Digamos que me he despertado temprano y he salido a dar una vuelta.-Respondió Alfred encogiéndose levemente de hombros.
Por toda respuesta, el mayordomo obtuvo un afectuoso y medido apretón en uno de sus hombros por parte del hombre que ocupaba los asientos posteriores del automóvil.
El lujoso coche saliò del callejón y enfilò una de las principales avenidas de Gotham con destino a la mansión mas cara y exclusiva de toda América.
Y ,sin duda, también la mas solitaria.

2

El motorista llevaba varias horas conduciendo bajo un intenso manto de lluvia.
De no ser por las excelentes prestaciones del vehículo y por sus sentidos agudizados, se hubiera ido al suelo mas de 10 veces a lo largo de todo el trayecto.
Se dirigía a New Jersey, después de vagabundear durante casi dos semanas por todo el país, de bar en bar, de bronca en bronca y de motel en motel.
En lo mas parecido que podía llamar “casa”, es decir, en la escuela para jóvenes talentos del profesor Xavier, ya estaban acostumbrados a las escapadas sin previo aviso de Logan.
Tanto Xavier, dueño y mentor de la institución como sus antiguos alumnos y ahora compañeros, habían aceptado que ese tipo de comportamiento errático e impulsivo era algo de lo que no se podìa desposeer a Logan, y que, al fin y al cabo, era mejor eso que el que se enzarzase en estúpidas peleas con sus compañeros, en especial con Scott. A veces intentaban localizarle a través del teléfono móvil, pero ya hacìa tiempo que habìan dejado de hacerlo.
Ni tan siquiera “cerebro” la máquina que poseía el profesor “X” y que amplificaba sus poderes mentales al punto de poder rastrear cualquier indicio mutante sobre la tierra, era puesto en marcha para localizar a Logan. Tarde o temprano, este acababa volviendo sano y salvo a la escuela. Y a veces, con suerte, incluso de buen humor.

Logan hizo un alto en Gotham City. Era una ciudad que apenas había visitado, pero que parecìa ideal para èl y sobre todo para su estado de ànimo en aquel momento. Se decía que Gotham era el mayor centro de depravación de toda Norteamérica, así que se suponía que debìa ser facil encontrar ambientes pútridos en los que toparse con matones de poca monta que aguantasen dos o tres puñetazos de Logan.
Aparcó la moto en mitad de la calle y reservó una habitación en un ruinoso hotel a nombre de “Arnold Stallone”. A los dueños de la mayoría de estos hoteles les daba exactamente igual el nombre con el que firmasen sus clientes con tal de que pagasen y si pudiera ser por adelantado. Así que ese fue el primer nombre que se le vino a la cabeza y el que usó esta vez, poniendo sobre el mostrador dinero suficiente para pagar una semana de estancia y para dejar satisfecho y callado como un muerto al dueño de aquella pocilga.
La semana anterior, en uno de los escasísimos momentos que el alcohol llegaba a hacer efecto sobre su organismo, se había registrado en otro de estos sordidos hoteles como “Martha Washington”.
Incluso con los billetes en la mano, el hombre que estaba detrás del mostrador, en lugar de quedarse callado como solía ser habitual, se atrevió a decirle:
-Pero, usted no es una mujer...
A lo que Logan contestó:
-Si quieres subir a comprobarlo ya sabes en que habitación me alojo. La vida está llena de sorpresas.
Pero lo mejor había sucedido una par de años atrás,cuando, durante otra de sus escapadas, se había registrado bajo el escueto nombre de Lobezno.
En esa ocasión, el dueño del motel se rió a carcajadas diciéndole a Logan que le faltaban, entre otras cosas, unos 20 centimetros de estatura para parecerse siquiera el Lobezno de los X-Men que salía en las noticias.
Logan no era un hombre facil de sorprender, pero en aquella ocasión se sorprendió por dos motivos: uno era la evidente estupidez del aquel tipo al hacer siquiera un comentario y otro era lo absurdo de la propia situación. Estaba dando su “verdadero” nombre y el tipo aquel se reía.
Mejor. Al menos ahora sabía que en la tele parecía mas alto.


Por: Agustín Lobato | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009